....EL VUELO DE LA LIBELULA DE ODALY´S CARMINA.......

3/27/2014

Y le dejo...







Y le dejo bajo el manto azul, inmerso,
la cara al sol, frunciendo el ceño;
las manos crispadas hacia el suelo
y la sortija estúpida,
de un vacío sueño...













3/22/2014

Te regalo mi todo...









Hoy, te regalo mi todo, no va envuelto;  porque el todo no puede resguardarse en una linda bolsa o en una fútil cajilla.

Te regalo mi todo que es muy triste, que está seco, que agoniza, que muere porque no tiene fuerza y mucho menos prisa.

Ten mi todo, te lo doy, llévalo lejos de mí, quémale o ahógale si lo deseas, que mi todo no es nada, nada sin mí.

Toma mi todo, este todo es todo en mí, es mi todo sin ti, es mi todo contigo.

Este todo, es mi adiós, tan eterno, como promesa de amor; así tan eterno como éste todo que hoy te entrego; como el que hoy te di...el mismo que dejo en todo, pero todo mi olvido, como de ti me olvido.

4/08/2013

A mis hijos (La Tierra)







Mis versos a los hijos de ésta guerra; 
mi voz como escudo que proteja
y mi poema suave, como arma, 
para defenderte en esta tierra.



1/26/2013

Libélula perfecta.



Fugaz ventisca, 
estela de luz pausada, 
electricidad en cámara lenta,
vuelca tu dulce pecado, 
nombre de diablo azul, 
de libélula perfecta...
con la luna a tu lado.

12/16/2012

NO VOY A MORIR.



No voy a morir. Me estoy tomando ventaja de todos. Valor y  vida para siempre, a través de la fuerza. Es el alma la que no muere y se convierte en absolutamente todo lo que hiciste bien y también de aquello,  lo que no congenió con los demás seres. Incluso, aún si mis ojos cerrados permanecen así, quiero llenar con mi endeble luz los escasos voltios que me  sobran a este que fue mi mundo.


Para un guerrero,  cuando la persona está viva,  debe permanecer en todos los restos de su cuerpo y poner la fe,  para comprender la figura de la verdad en su tiempo, que se ve afectada por  las guerras diversas. 


Y yo me aseguraré de cumplir los deseos de mi  pueblo.  Soy un combatiente, he sido consagrado en la nación del Buda, con alma templada, llamado a levantar las sombras, con actos inmediatos, rayando en lo humano, como momia, como templo, peregrino tal vez.



Tengo un refugio en el medio de la noche, para orar por la seguridad de la seguridad, hace mucho tiempo eso es lo que falta. Fui a la guerra; por barco con los pies al aire, y sandalias para ir por tierra; no lastimando jamás este bendito suelo, todo el suelo, la inmensidad del suelo. Disuelvo en mi boca arroz, soy vegetariano  de nacimiento, agua potable y es todo mi alimento.


Cuajada la peregrinación, a diferencia de cuando se va de pesca, vamos rumbo a la montaña, con vistas al bello color del mar y el azul del cielo, que me resulta, hace mucho, irritante para mis frágiles ojos; más sigo manteniendo pulsada la tecla de una montaña tranquila; abajo, el  pueblo marítimo  de Yahiko;  algunos que tirarán de un remo para poner la nave en el mar de la playa de Nozumi, y subir hacia la montaña.


Soy Satoshi Hiroshi, nacido en  Nozumi, Shimousa, del pueblo llamado Yamakuwa: la casa del granjero. Ahí está estaba el templo Tokudo Rengeji,  Condado de Operación. Estuve estudiando en Wakayama. Soy algo distante, soy un soldado; me convierto en un estado mental que no puede estar entre ustedes fácilmente cuando vuelvo a casa después de una guerra, pero bastante comprometido con ese ideal supremo de la Budeidad Humana.



Es en tiempos de paz, que me embarqué en un viaje de serenidad metal, para convertirme en una persona que se identifica con las nubes en el cielo y la corriente del agua por debajo de Era . Para determinar el destino de la Budeidad al caminar por los países, estoy trabajando en las sandalias de paja, entre la vía Echigo. 



De donde vengo la historia del pueblo se encuentra ubicada al Este del Templo Haeundae;  ahí, mi prima Shanxi Shigon, se detuvo a escuchar la voz del Buda y más tarde fundaron una ermita aquí ; los pobladores vinieron en barco. Se pueden oler, al llegar las ramas de pino, buenos en la parte superior del acantilado lejano, desde donde se ve el techo del templo.

Me encontré con que no es fácil vivir ahí todavía. Mis congéneres Teradomari, Izumozaki, Shiiya, Kashiwazaki desean descansar en un lugar llamado El árbol de Pino Solitario.


 Ya  hace buen tiempo, no puedo ver, sólo percibo las sombras y sólo me siento rodeado de cientos de grandes árboles oscuros, con muchos años de edad. El día supera al otro lado del río; el cielo en el monte, incluso el pájaro que pesca se escucha; ya no puedo percibir ni los colores de mi entorno. Un estallido brutal al entrar en un recinto de un templo me sacudió la retina de mis ojos de pronto. Vivo en suelo sagrado. Para este año de 1956, es un sueño hecho realidad.


No puedo ver a Bodhisattva, mi Buda, pero me quedo como un habitante más, en el suelo sagrado, con  en el cuerpo vivo a esperar un largo tiempo de contemplación zen. Vida y ayuno, es lo que me queda; así lo decide mi sensei Hikito ~ Tsu, que a pesar de haber luchado ferozmente contra el invasor, jamás un enemigo, el aliento que me queda debe durar al menos a mediados del verano que sucederá dentro de dos años.



Cierro mis párpados, mi débil vista  y mis arrugas en la cara, tengo una figura que parece dormida, doblada y envuelta, pasaré mis días aquí, andaré despacio debajo del campanario en ruinas, descansando y viendo el Tateyama Shuho, el Hakusan, y el Yoneyama, aquellos que han completado la milla bajo el Ginkgo, esperando la gente en  peregrinación de este terreno sagrado.



En el crudo Oeste del templo, hay unos niños acoplados con  varios monjes y sacerdotes, que los entrenan para ser como lo que yo fui: Un guerrero de paz, nunca proclamado; con la tecla fija puesta en la estatua de Buda, deteniendo el fuego de la montaña que llegó a extinguir los pueblos tribales desde el pie hasta el fin.


El sacerdote II Yoshihiro decimotercero indígena Minamiizumi, de Zhongxing, ha cerrado mi vida a mis 73 años de edad; en el hall principal de la morgue de Buda en este fuego del templo sagrado, suelo bruto del este del Templo Haeundae, lugar donde culmino; pero donde al menos, mi alma que hoy  reencarna, vive; por eso mi cuerpo ya dormido, no siente temor de ser del fuego roído; me encuentro muy tranquilo, de paz embarnecido.Y  mi alma que hoy reencarna es el final feliz que yo esperaba; yo, no voy a morir, a pesar de que mi cuerpo hoy exhala.






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No siempre la curiosidad mata al gato.




Es un día ordinario; escuela, libros, uniforme; mi reloj de pulsera a medio colgar de mi muñeca que es mi músculo suplente para sujetarme de la puerta del bus que me conduce a mi centro escolar -¡Buen día compañeros, les saluda Flavia...!- Dios, soy tan amena, la educación de mi madre así me lo diseña; saludar airosa, con una leve seña- Ya en el pasillo, me dirijo a toda prisa hacia al salón donde, desafortunadamente, Viviana, esa chica de melena larga y fuerte, se sentó enfrente, era mi pupitre. Debo confesar que me agradaba la idea de ver, en primera fila, a ese hombre, a ese ser tan inteligente, elegante y perfumadísimo catedrático, que alocaba mi mente. Ese día, gracias a la enorme cabeza de ella, me perdería la primicia de verle llegar y encumbrar el aula que a diario y por seis horas habitaba.

En el receso de clases, que oficialmente es de treinta minutos; el cual a voluntad nuestra es de cuarenta y cinco minutos porque nos gusta entretener con chismecillos a la señorita encargada del timbre, a la cual siempre regañan por timbrar después de la hora señalada. Desayunaba un raquítico emparedado casero, -me pasé de mostaza- me dije. Y entre el bullicio me pareció escuchar un grito de auxilio. Traté de aislar el exagerado ruido y ya no pude escuchar nada en ese momento. No me tranquilizó la idea de no volver a oírlo. Al contrario, mi curiosidad se acrecentó, cuando el timbre sonaba. De regreso, el banco ya no estaba ocupado, ella faltaba. Habían pasado cerca de diez minutos, cuando el subdirector del plantel algo nos avisaba. No le escuché claramente, creo que al maestro justificaba, lo cual no me importó, mi mente estaba absorta en que ella no estaba. Tampoco llegó mi maestro. Mientras el maestro auxiliar llegaba, salí sin pedir permiso y me dirigí al patio, alguien trató de detenerme, no le hice caso. Había que atravesar la cancha de basquetbol que quedaba al centro de las instalaciones para llegar a los baños; hacía a penas unos momentos que había escuchado ese grito, distinto a lo que se generaba diariamente en el receso y tal parecía que provenía de un lugar cerrado. Alguien me alcanzó la mano, cuando una puerta me disponía a abrir. Era Paulina, una compañera nueva, que también al baño se dirigió, supongo, tras de mí. Me dijo que ese excusado no servía. Quería que se fuera y en lugar de ello encendió un cigarrillo y procedía a observarme detenidamente. Nunca he sido paciente y en un descuido de ella, abrí la portezuela del baño individual. Mi sorpresa no fue el fuerte golpe que sentí en la cabeza, si no que alcancé a ver un boquete en la pared, que después supe hasta donde dirigiría. Cuando caía hacia un costado, vi la diadema de Viviana tirada en ese vertical precipicio. 

Cuando reaccioné, estaba ya en la enfermería de mi escuela; y el personal negaba lo que yo había visto; Paulina seguía a mi lado hasta ese momento. Llamaron a mi madre, le dijeron que había recibido un fuerte golpe en la cabeza mientras iba al baño y que probablemente alucinaba. Me llevaron a un hospital. Sedada aún, sé que me desperté cuando en el noticiero anunciaban la desaparición de Viviana. La habían secuestrado. Yo no quise regresar más a mi escuela; todo a mi madre contaba, ella confió en mí y entre saber y no, ya no hicimos nada.

Pasado un mes, por el camino a mi casa, sentí tras de mi andar, una mirada, fuerte y pesada, que me hizo girar, pero no vi a nadie, algo no me cuadraba y me hizo transpirar. De la escuela supe, que mi famoso maestro aún ahí clases daba. A la hora de la salida lo esperaría, necesitaba con él platicar, tal vez él si me escucharía. Lo vi salir de la escuela, algo desaliñado, distraído, ausente y pálido, pero muy perfumado. Lo seguí sigilosamente hasta lo que creí era su casa, para todos rumbos discretamente miraba, mientras su llave giraba en la cerradura del portón que bloqueaba la segunda entrada; no sé si ya escrito estaba que bien no la cerraría; así que entré, mi curiosidad me mataba; por precaución, dejé la puerta abierta, muy abierta mientras atrás de una caja enorme me ocultaba. De pronto, él recibió una llamada que lo hizo salir corriendo, se fue en su automóvil huyendo. Entré a la casa, supuse ya nadie estaba. Y otra fue mi sorpresa, encontré a Viviana amordazada a una cama sucia y sencilla, me dio un vuelco enorme mi corazón ver a esta chica aprisionada dentro de una recámara con la puerta abierta que frente a mí quedaba. Marqué en mi celular a mi madre quien llamó a la policía y casi de inmediato arribaron al lugar; supongo ya sabían a donde llegar, enseguida la desataron. Ya en el hospital, Viviana me agradeció con tanta ternura; hasta me pidió perdón por ser grosera conmigo, por sentarse enfrente de mí y a propósito taparme con su larga y fuerte cabellera.

Mientras curaciones le practicaban a ella, las noticias, nuevamente, anunciaban algo relacionado con mi ahora amiga: La banda de malhechores había sido capturada; entre ellos estaba Paulina y ese flamante y perfumado maestro y otras dos personas que Viviana no reconocía.

Todo llegó a fin. Pero habían manchado la reputación de mi escuela, sin embargo;  gracias a que salimos vivas de este hecho siniestro, aclaramos todo y con las investigaciones respectivas, las autoridades constataron que nadie más tuvo que ver con éste secuestro.

Aún no me gradúo de bachillerato; tengo diecisiete  años; pero mi fe, tal cual, me no me permite estar quieta. Quiero servir a la investigación policíaca; quiero ayudar a encontrar personas y reunirlas nuevamente con su familia. Mi curiosidad, es mi gancho perfecto, mi músculo suplente para no sucumbir en el intento.

(Enero del 2012)




Si existen las estrellas, somos magia;
si sale el sol es porque somos luz. 
Vida y luz, es lo que conforma al Universo, 
como de un Dios 
transformado mágicamente, 
verso a verso.


Hasta que la Tierra Caliente.



Hoy, 13 de enero, es el primer día de mi final; creo que empiezo a perder espacio, he comenzado a desvanecerme muy despacio. Antes que el viento fragmente mi delicado esqueleto, llevaré mi descontento a la plaza y en tono de dulces raspas, calabaza con leche y uchepos, escucharé desde el  kiosco a esa tambora del pueblo. Al frescor de un tibio viento, se escucha el bullicio de San Antonio, de costa brava portento, lugar donde yo viví letargos y olvidados tormentos; me arrullo en su baja latitud a 350 metros de la ola verdiazul de roca caliza y enebro. Mi sombrero de paja, mi noble pañuelo al cuello, mi barba gris entre mis dedos desdeño, con mi frente amplia y fruncido el ceño, levanto la vista, me crispa el recuerdo, que se deshace mientras mis pálidos ojos entierro, en la lágrima a caudal que de inmediato me seco.
-¡Voy hacia ti, Chanita, ya fue muy largo el destierro; ya quiero llegar a casa, ya quiero sentir tu anhelo; éstos sesenta años sin tí, han sido dardos eternos!-
Dijo un maestro que de los pobres sería su reino, yo me deshice de todo, de todo el bien terrenal, me quedé sin oro ni plata, mi quedé también, una terrible mañana, víctima del cáncer, sin mi adorada Graciana.
-Te fuiste mujer y me perdí en la nada, me bebí de golpe, todo el agave que quedaba, hasta los pozos sequé de la sed inmunda que me daba-.
La tamborita sigue su curso ¡Ah, qué alegres Pajaritos!, entonan mi gusto es,  mientras de mi bastón hago estribo, del que me aferro yo pa´ no perder el estilo.
-Es enero, el Balsas me trae tu entrañable recuerdo, el amigo y los chaneques me esperan ya para cruzar ese río, no, el balsas no; ese, ese que me llevará contigo-. La Nana Colasa, dice que mi cara y cabello acicala, ya ni la oigo llorar, me tiene limpia la casa.
-Mis hijos vendrán mañana, Chana, vendrán mañana. Encontrarán mi cuerpo dormido, más mi alma, ya sabes mujer, que estará contigo. Quizá me traigan flores, pero yo sé que jamás su olvido; eso es lo que más importa, que no se olvide lo que hoy les digo-.
Ese reloj de la plaza de armas, lo hice yo, pues me lo guardo conmigo. Allá voy, Ciudad Altamirano, mi refugio, mi asilo. ¡Cuánta historia me llevo mi amigo! Esta noche vendrán por mí, por eso hoy me despido.
Me arreglo como un catrín y prosigo al desorganizado y diario festín. En la mesa, antes de la cena del anciano hospicio, donde viví, como último resquicio, atolondrados comensales beberán del pocillo, rebosante de café y un taco de totolin con harto chile guajillo. Nos toman una fotografía, con la vieja cámara de Doña Cleo, ¡Nos vimos como en la última cena; te lo digo de a deveras, esa era la escena!.
Mientras guardan silencio, les pido, que cuando lleguen mis hijos, les digan que me dormí, que nunca lloré con un viejo tango, que nunca bebí más un trago y que fui feliz, que yo por fin lo he logrado.

Arrastrando el paso hacia mi catre, arreglado me recuesto y ya cerrando mis ojos, no siento dolor ni pienso; solo espero me tomes de tu mano blanca, tibia; con tu cabello dorado, tu trenza larga y ceniza, con tu lunar a un costado, tu nívea sonrisa, tu falda tan lisa y el perfume a violetas que te hice a toda prisa.
-¡Me halaga la guadaña que hoy mi corazón priva; Chana, fuiste mía una mañana, fuiste mía una vida!-.
Hoy, 14 de enero, este cuerpo yerto ya no es nada, me invade la muerte, pero me llena la suerte de volver a tenerte, ¡Bienvenidos a mi casa, hijitos míos, pasen, siéntense con nosotros, aquí junto a Chanita y Panchito!.- Te lo dije, Güera que estaríamos juntitos,  hasta que la tierra caliente, ¡Cómo hoy, cómo hoy Chanita, cómo hoy y para siempre!-. 

12/03/2012

Libélula



La Libélula.

Al ver a las demás aves con sus resplandecientes alas,
la libélula sintió nostalgia pues le daba tristeza 
que ella no podía volar. 
Un día fue a ver a Dios, le comentó sus tristezas y le preguntó: 
¿Oye Dios, por qué yo no tengo alas?,
¿Por qué no tengo unas resplandecientes y esplendorosas alas?. 
Al ver su nostalgia, él decidió obsequiarle unas alas sedosas
con las cuales se sintiera la más hermosa creación del señor. 
Al salir de ahí no demoró en probar sus alas,
todos la admiraban y se quedaban impresionados al verla. 
Una mariposa muy envidiosa trató de 
posesionarse de ellas pero nunca lo logró. 
A pesar de su belleza, la libélula no se sentía 
superior a otras aves
por lo que Dios decidió recompensarla 
obsequiándole definitivamente las alas. 
Es por eso, que la libélula es tan frágil y sensible a sus alas,
porque es un regalo muy especial del creador...